Con orgullo digo que conocí a Lorena una vez en su restaurante en La Molina, Nanka. Excelente servicio, comida y atención única con la gran sonrisa de Lorena en cada esquina. Sus padres eran amigos de los míos por unos amigos en común, todos excelentes personas.
Y por eso mismo cuando me entere de la noticia no lo podía creer... como dos jóvenes tan emprendedores y con tanto camino por delante pueden perder la vida así, como la vida se puede apagar de un momento a otro, lo único que me consuela es pensar en que se les fue la vida haciendo lo que más les gustaba y ayudando.
Esto no puede seguir, estos accidentes se pueden evitar respetando las leyes, teniendo mejor infraestructura. Simplemente no es posible vivir en tanta inseguridad.
Solo espero que el alma de estos grandes de la gastronomía descansen en paz y se lleguen a encontrar con sus seres queridos cuando sea prudente, hoy una oración por ellos.
Nanka, Valdivia y Kisic

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